Conflicto Magisterial ¿Hasta dónde?

Ahora que supuestos integrantes de la Cordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (digo supuestos puesto, que no hay forma de estar seguros que son únicamente maestros los que integran esta horda de manifestantes) han coptado las vialidades del Distrito Federal, la ciudadanía ha puesto el grito en el cielo y exigido a las autoridades del Gobierno del Distrito Federal que actuen. Estás, sin embargo, han optado por el liberalérrimo "laissez faire, laissez passer", o dicho en su forma más mexicana el salinérrimo "ni los veo, ni los oigo".

 

No falta el mentecato, supuestamente de pensamiento vanguardista que sale con sus rídiculos argumentos de respeto por los Derechos Humanos ante la incatividad policial. Pero ¿sto es válido? ¿Acaso no tenemos los no manifestantes Derechos Humanos que también deben ser respetados y hechos respetar por el Gobierno del Distrito Federal?

 

El uso de la fuerza, potestad del estado a través de sus corporaciones, es indispensable para poder establecer límites a masas de manifestantes que buscan ejercer coerción en las instituciones a través de bloqueos callejeros que impiden el libre tránsito y deterioran la economía local. La no utilización de las corporaciones para la liberación de vialidades y detención de los manifestantes que cometen delitos es un incentivo perverso para la comisión, dentro del anonimato de la masa, de actos lesivos para la comunidad.

 

El Derecho de Libre Expresión y Asociación entra en colisión con los Derechos de Libre Transito y Ocupación. Ciertamente, al ser al menos siete millares de manifestantes irascibles, la conciliación es un paso previo indispensable para la toma de decisiones. Permitir que la negociación se estanque a contentillo de los manifestante o que ellos impongan sus condiciones es reducir el papel gubernamental al de testigos pusilánimes de su actuar.

 

El temor de los encargados de las instituciones de Seguridad Pública a utilizar la fuerza para el retiro de los manifestantes de zonas estratégicas es reflejo de un doble discurso hipócrita que reina en México desde los deleznables hechos de 1968 y 1971 en esta ciudad, este doble discurso hace que mientras que el uso de la fuerza pública sea vedado públicamente, en privado y sin los medios de por medio las arbitrariedades se cometen al por mayor. El resultado es que nuestras corporaciones policiacas carecen de respeto y confianza por parte de la ciudadanía y gozan de una notable reputación de ineficaces e inservibles.

 

Yo no comparto plenamente esta opinión, sin embargo es la dominante en esta ciudad y el país en general. Lo triste del discurso de los que defienden la actividad paupérrima de las autoridades del D.F. en este tema es que priorizan los derechos de los más gritones; no es un tema de armonización de Derechos, es un tema de hacerle caso y concederle la razón al que se queja más.

 

Si una horda de ciudadanos hartos de estos "respetables" "maestros", se manifestaran de forma masiva en su contra, veríamos una actividad más eficiente en la delimitación de espacios, represión de actos ilegales y aún de la manifestación misma en atención al orden y libre acceso a las vialidades. No podemos negar que se está usando el tema políticamente para denostar al ya de por sí inútil Mancera; tampoco podemos negar que es el PRD el partido que pretende sacar más provecho de estas movilizaciones y que de alguna manera las alienta.

 

Por eso tampoco se puede ignorar que la aplicación de la ley y uso de la fuerza contra manifestaciones públicas en el DF es claramente selectiva y se aplica con rigor a los movimientos que afectan los intereses del grupo en el poder del GDF y observan con pasividad las manifestaciones que les dan juego político. Nuestros ordenamientos legales, claramente, imponen como primer paso en el manejo de conflictos el uso del dialogo y la negociación; no obstante, también imponen con claridad la obligación de hacer cesar los actos ilícitos que afectan a terceros tan pronto como se tenga noticia de ello.

 

Es claro que el trabajo policiaco en México, por cuestiones muy diversas, está muy por debajo del nivel de operatividad deseable para un estado fuerte capaza de hacer cumplir sus normas y cuidar a sus ciudadanos. Uno de esos factores es el desgarre de vestiduras de los "defensores de derechos humanos" y "funcionarios capaces" en cuanto el uso de las corporaciones policiacas para reprimir (con eficacia, mediante el uso de la fuerza razonado y efectivo, con políticas de uso mínimo de violencia y tácticas de disuasión) actos masivos que violentan el orden público alegando respeto por las garantías de los rijosos y deleznando, ignorando y menospreciando las garantías de los ciudadanos respetuosos.

 

José Alberto Ontiveros Escalona

Procurador Judicial

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Comentarios: 4
  • #1

    Nayeli G. (viernes, 30 agosto 2013 09:21)

    Se me hace súper injusto que por su culpa la gente no pueda llegar a ningún lado. Ya hasta hubo un muerto porque una ambulancia no pudo llegar por él. Súper mala onda!!

  • #2

    RickonHunt ;) (viernes, 30 agosto 2013 09:44)

    Si es una reverenda chingadera que se escuden detrás de los "Derechos Humanos" para permitir que sigan pasándose por el arco del triunfo los derechos de todos.

  • #3

    G1ov4nn4 Pr1ncess1n (viernes, 30 agosto 2013 09:59)

    l4 v3rdad zuupppper mala onda!!

  • #4

    Juan Verva (viernes, 30 agosto 2013 15:14)

    Comparto lo que dice, la verdad es que estamos hartos de que un grupo de peldos gritones haga a su antojo lo que se les pega la gana sólo porque gritan mucho y la autoridad no quiere funcionar como tal. Debemos exijir que se haga justicia y nos dejen en paz. No se vale que se esté perdiendo mucho dinero sólo poruqe las autoridades no quieren arriesgar voitos.

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