PROPUESTA PARA LA APLICACIÓN DE LA REFORMA CONSTITUCIONAL EN MATERIA ELECTORAL.

Escrito de un Candidato a Consejero Electoral Durante el Proceso de Elección de 2007.

La reforma político electoral publicada en el Diario Oficial de la Federación el día trece de noviembre del año en curso es producto de un momento de coyuntura social y política en la cual, derivada de los acontecimientos postelectorales de 2006, se gestó una clara crisis de credibilidad en las instituciones electorales mexicanas, pues, ante la imposibilidad de satisfacer la necesidad de información específica que convenciera a cada uno de los actores en el proceso electoral de la total y absoluta pulcritud del mismo, se extendió la duda sobre el correcto accionar de los encargados de llevara buen puerto aquel proceso sobre un sector importante de la población mexicana.

Al igual que las reformas electorales del pasado esta busca darle nuevos aires de institucionalidad a los procesos democráticos mexicanos, que dicho sea de paso, son procesos de excelencia y ejemplo de transparencia en el mundo, la crisis de credibilidad a la que llegó una de las instituciones más confiables, según el propio decir de los ciudadanos1, llevó a las fuerzas políticas a tratar de darle cause a los reclamos de las partes insatisfechas.

La diferencia de esta reforma es que al no ser técnicamente necesaria para la realización de procesos planamente democráticos en México, pues sólo fue políticamente necesaria en la medida que se requería para que las partes inconformes en el proceso electoral de julio de 2006 pudieran retomar la confianza en las instituciones encargadas de llevarlos a cabo, esta pudo abordar viejos temas pendientes que no habían sido estudiados con el debido detenimiento.

Uno de los grandes méritos de la actual reforma electoral, consiste en darle nuevas herramientas al Instituto Federal Electoral (IFE) para poder fiscalizar con mayor fuerza la utilización de recursos públicos por parte de los partido políticos, que se han apoderado de los procesos democráticos en el sistema mexicano y que por lo mismo requieren de mayor vigilancia pues son ellos los que de manera clara influyen en las grandes decisiones de la política nacional. Por lo mismo, a pesar de que no son un órgano de gobierno, es importante procurar la transparentación de sus gastos pues solo de esa forma se logrará abatirla gran desconfianza que el ciudadano común tiene hacia los partidos.

El otro gran acierto son la serie de medidas enfocadas a abatir los costos electorales, pues si bien es cierto que el sistema electoral mexicano es modelo a seguir en el mundo por la eficacia de sus procesos, también es cierto que dichos procesos son altamente costosos para el erario, que no es otra cosa que el dinero del ciudadano común entregado al gobierno en forma de contribución, a cambio del cual espera una mejora en los servicios públicos, cosa que es más fácil de cumplir cuando en lugar de invertir sumas millonarias en publicidad para las elecciones se invierten en infraestructura. Adicionalmente, con esta medida se contrarresta la poco deseable influencia de los poderes económicos sobre los procesos democráticos, puesto que cada vez será menos la cantidad de publicidad y más la calidad de las propuestas las que lleven al ciudadano a tomar las decisiones correctas.

En suma, la reforma que fue aprobada por amplio consenso de los legisladores, tanto federales como locales, es un esfuerzo por volver a obtener la confianza de la sociedad para futuras elecciones, dado que esa confianza es fundamental para que los votantes acudan a las urnas y emitan libremente su decisión es forzoso concluir que la finalidad de esta es loable. Pero dado que no transforma de manera radical o fundamental las instituciones electorales, y las modificaciones al proceso electoral son mínimas, pues como ya se mencionó dichas modificaciones tienen por finalidad abatir los costos de las campañas, su implementación trasciende el ámbito de la simple y llana aplicación de la ley al pie de la letra.

Con lo anterior, estoy planteando que la correcta implementación del paquete de reformas requerirá una administración eficiente, eficaz y valiente, esto último debido a que los temores a perjudicar a alguien que posteriormente pudiera perjudicar a los encargados de velar por la observancia de dichas modificaciones a la carta magna pueden ser un freno terrible para su adecuada aplicación. Para evitar que esos temores tan humanos aflijan a las personas que serán designadas para dar cabal cumplimiento a as nuevas disposiciones es necesario que ellas estén libres de aspiraciones políticas posteriores. En lo expresado se encuentra el primer punto para la aplicación de las reformas electorales, mismo que pienso cumplir con creces dado que mi trayectoria siempre ha sido ciudadana en estricta observancia de mis deberes cívicos, mi actual postulación al cargo de Consejero del IFE no tiene más finalidad que aportar los conocimientos adquiridos a lo largo de mi trayectoria profesional a la difícil tarea de reorganizar al interior instituciones de gran envergadura con la finalidad de rescatar la imagen que se tiene de las mismas al exterior, tras lo cual pienso volver a mis actividades actuales. Esta falta de aspiración de posiciones políticas a futuro y el amor a mi papel ciudadano definitivamente me libran en gran medida del temor a la incomodidad de las personas que serán afectadas por la adecuada implementación de las reformas.

La reorganización interior del IFE es el segundo punto a considerar para la adecuada observancia de las nuevas disposiciones constitucionales. Hay nuevas funciones que se deben ejecutar o más bien hay nuevas áreas que se deben abarcar con la funciones que ya estaban asignadas esto implica que ante el engrosamiento de dichas facultades vendrá una mayor carga de trabajo para las áreas existentes actualmente, lo cuál en principio sería fácil de solucionar con mayores recursos para la contratación de personal pero esto último no necesariamente es la vía correcta ya que parte fundamental de la reforma es la reducción del costo de nuestro sistema electoral, situación que vería mermada su eficacia en caso de que para su implementación se tuviera que incrementar de tal forma el aparato burocrático que dichos ahorros se tengan que invertir en capacitación y sueldos de más funcionarios. Por lo que la readecuación de las áreas del IFE para encarar sus nuevas funciones, es parte fundamental de toda la aplicación de la reforma, para esto último yo me propongo realizar los estudios organizacionales necesarios para optimizar la utilización de los recursos materiales y humanos.

En adición al punto descrito en el párrafo anterior hay que considerar la inserción dentro del organigrama del IFE de la nueva figura denominada Contraloría General, con la cual deberán interactuar todos lo funcionarios de ese Instituto, y para que dicha contraloría pueda realizar con eficiencia su labor de vigilancia se deben de modificar los procesos administrativos actuales con la finalidad de que se pueda facilitar la verificación mínima indispensable. Dicha modificación a los procesos incluye el detallar el diseño de la Contraloría y su ramificación dentro de las otras áreas del órgano constitucionalmente autónomo. Para este punto mi finalidad será determinar con precisión la misión, visión, y objetivos que la misma ha de desempeñar y con base en eso poder diseñar los procesos más eficientes para su labor verificadora.

Un tercer punto a considerar en la aplicación de las reformas es que lo que motivó dichas reformas fue la gran desconfianza por parte de un importante sector de los actores en el proceso presidencial de 2006 en que el proceso hubiese sido pulcro y equitativo, dicha desconfianza se generó en parte por la falta de comunicación adecuada entre el organismo encargado de realizar la contienda y los actores políticos. Peor aún, el verdadero pináculo de la desconfianza se debió a la falta de sensibilidad política de la cabeza del Instituto que no procuró mantener clara y constantemente informada a la ciudadanía de las complicaciones surgidas durante el proceso. Dicha cuestión, contribuyó a generar la desconfianza de la cual es víctima el IFE. Por tanto mi tercera propuesta para adecuada implementación de las reformas radica en el mantenimiento de canales de comunicación constantes con todos los sectores sociales que lo requieran, entiéndase partidos y asociaciones políticas, medios de comunicación, organizaciones civiles, institutos electorales locales, organismos internacionales, ciudadanos comunes, sectores empresariales y populares, universidades y en general con todo aquel que se requiera para poder generar la confianza de la cual era digno depositario el IFE hasta el mes de Mayo de 2006.

Un cuarto punto que planeo implementar como parte de la adecuada aplicación de las reformas del trece de noviembre del presente año, es el fomento a la participación de nuevas fuerzas políticas en el escenario nacional, y no me refiero necesariamente a la formación de nuevos partidos políticos, sino a facilitarle a las fuerzas políticas menores las herramientas que aseguren su supervivencia y puedan llegar a constituirse en una verdadera alternativa de decisión por parte de los ciudadanos. Estoy convencido de que así como la competencia obliga a los productores a mejorar la calidad de sus productos y a hacer más eficientes sus procesos, la competencia electoral obligará a los partidos a mejorar la calidad de sus propuestas y a realizar campañas más efectivas. Como ya lo dije esto no se logra con la mera aparición de nuevas fuerzas políticas sino con la consolidación de las mismas en el espectro político mexicano. Dado que no es necesaria la creación de nuevas normas para asegurar esto último mi compromiso para lograr lo aquí dicho es tener presente en todos mis actos como Consejero, en caso de que este alto cuerpo colegiado así lo determine, los principios y valores democráticos que posibiliten el fortalecimiento de los, llamados partidos menores, puesto que lo realmente benéfico sería que dichos partidos dejasen de ser menores para convertirse en actores políticos de mayor alcance.

El quinto y último punto de los que considero indispensables para la ejecución de las nuevas normas electorales, es tener siempre en mente al ciudadano común, aquel en cuyo beneficio se ha instaurado toda la infraestructura electoral mexicana, aquel que debe ser destinatario último y principal de todo programa gubernamental, por motivo de el existen las diversas organizaciones políticas que hoy tenemos en México, es a causa de él que se ha buscado formar una cultura democrática fuerte, y es a él a quien deben su razón de ser todas las organizaciones gubernamentales. Cuando esto se pierde de vista, todo lo demás sale sobrando, puesto que el accionar de las autoridades lo harán sentir ignorado y poco útil para cualquier proceso político. Si esto llega a pasar la apatía se apoderará de ellos y la misión de las organizaciones gubernamentales habrá fracasado y con ellas el sistema democrático. Por eso es menester fundamental que todo funcionario del estado tenga una conciencia plena de que sus primeros deberes son con la ciudadanía. Y no se trata de demagogia burocrática, sino de afán de servicio con visión de estadista, puesto que solo un miope no se daría cuenta de lo importante que es el ciudadano común y corriente para el adecuado desarrollo de un estado que se pretende democrático.

Por supuesto que existen mil ideas para mejorar los actuales procesos electorales y las instituciones que en ellos participan, pero son los que arriba he mencionado los que me parecen indispensables para la aplicación correcta y adecuada de las reformas electorales del presente año. Me parece importante destacar que solo incluyo los puntos que son realizables en ejercicio de las atribuciones de Consejero del Instituto Federal Electoral, puesto que si un funcionario no esta consciente del límite de sus funciones corre el riesgo de convertirse en un mal funcionario, que por querer abarcar funciones que van más allá de las que le corresponden no es capaz de cumplir con las que si están bajo su ámbito de responsabilidad.

Mi compromiso, como ya lo mencione, es para con los ciudadanos razón de ser de todo estado, mismos que son representados por los legisladores por lo que me comprometo con ustedes a estar siempre dispuesto a escuchar e intercambiar opiniones en el afán de mejorar la manera en que se llevan a cabo los procesos electorales y como se estructuran las instituciones que en ellos participan.

Me despido agradeciendo la oportunidad que brindan de exponer en este foro mis ideas y sentimientos, mis proyectos y planes respecto de un tema tan importante como lo es la reforma electoral mexicana. En espera de su atenta consideración.


1 Consulta Mitofsky: Índice de Confianza en Instituciones. En mayo de 2006 el IFE se encontraba en le tercer lugar de las instituciones más confiables en México, para el mes de agosto del mismo año su posición era la décimo primera.

 

Mtro. Humberto Javier Ontiveros Junco

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